>Reos hacen de los libros un escape tras las rejas

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La lectura es utilizada como un escape a la realidad que se vive cada día en el penal, es una forma de imaginar una vida distinta, transportarse a otro sitio y olvidar por un momento que están presos.

Cada día a las ocho de la mañana tres internos del Reclusorio Norte y su coordinadora son los encargados de abrir la biblioteca del penal, donde desde esa hora los reclusos arriban para tener un momento de dispersión y alejarse, aunque sea por un instante del hostil ambiente de la prisión.

Samuel Hernández Rivera está desde hace cuatro años comisionado en la biblioteca, él cumple una condena de cinco años, “sólo me falta uno y espero que pueda salir antes, la institución brinda un beneficio a los que estamos comisionados aquí nos bajan la sentencia, seguimos firmando afuera y ahora estoy en proceso de pre liberación”.

“Siempre me ha gustado leer, por eso me interesé, empecé en el área de limpieza y conforme pasaba el tiempo me fueron subiendo de nivel hasta que llegué a la biblioteca, que es donde me siento a gusto”, dice el interno.

Doce horas son las que Samuel permanece en su comisión dentro de la biblioteca, hace doble turno y ve pasar el día y la noche entre libros de historia fantásticas que distan mucho de la realidad que le espera fuera de la cárcel.

Para difundir la lectura y cultura dentro del penal, los reos se han organizado para crear lo que llaman el Circuito cultural, Samuel es uno de los precursores y fomenta junto con otros compañeros la lectura y la pintura al óleo, taller que se imparte en las instalaciones del penal.

En los círculos de lectura participan cerca de 20 personas, se llevan a cabo dos veces por semana, y se realizan en voz alta; cada uno de los participantes lee un capítulo y al terminar pasa el libro a otro de sus compañeros y la lectura continúa. Mientras que la peculiar fusión lectura-pintura se realiza, dice Samuel, cuando todos estamos conectados en el mismo momento, mientras unos leen otros pintan la interpretación de lo que se está escuchando.

Más libros, más libres

La oportunidad de leer dentro del penal se ha incrementado de manera considerable a través del programa Más libros, más libres, que se sustenta con la donación de ejemplares por parte de empresas, internos y sus familiares.

Este programa cuenta con más de mil 300 títulos además de otros mil 800 libros que están a disposición de los internos, aseguró Carlos Elguezabal, coordinador del programa y comisionado en la biblioteca desde hace 8 meses.

Los más consultados dentro del penal son best sellers, novelas, libros de historia, secundaria y primaria. Si de títulos se trata, los más consultados son Tinísima, del Elena Poniatowska; Cien Años de Soledad y Noticia de un Secuestro, de Gabriel García Márquez.

El programa Más libros, más libres ha dado la oportunidad a los internos de poder llevarse a sus dormitorios el ejemplar que deseen, con la condición de entregar un resumen y entregarlo en buenas condiciones, “con este método nos hemos dado cuenta quién sí lee los libros que pide y podemos llevar un control de cuánto están leyendo”, dijo Carlos.

“El récord lo tiene Héctor Vega Carbajal quien ha leído 19 libros desde que se inició el programa.

Hemos tenido muy buena respuesta de los lectores, porque a muchos de ellos les incomoda venir a estar leyendo en la biblioteca, también se lleva a cabo en todos los dormitorios, aseguró.

Carlos Elguezabal ha sido uno de los promotores de este programa que asegura lo ha llenado de satisfacciones, afuera como él dice (es decir en libertad) estudió arte culinario hasta segundo semestre, y cuyos conocimientos ha aportado a su compañeros de prisión.

Dentro del reclusorio es asesor de cursos de inglés y realizó un curso de gastronomía con la única visión “de enseñar a mis compañeros lo poco que sé”.

Óscar Lavín es otro más de los comisionados, sólo tienes dos meses de experiencia en la biblioteca y asegura que prefiere estar rodeado de libros y por ello no se va durante todo el día, llegada la noche va a pasar lista y luego toma el camino hacia su dormitorio.

Su labor es la recepción de libros, tenerlos en orden, buscarlos y entregarlos a los usuarios que los solicitan, y aunque siempre le ha gustado la lectura, dice que ahora se declara un lector asiduo.

La biblioteca del Reclusorio Norte, permanece abierta todos los días y el acervo está disponible para todo aquel interno que quiera iniciarse en el mundo de las letras y la fantasía.

Actualmente, las autoridades reconocen una sobrepolbación de 40% en los penales de la Ciudad de México, además de que la mayoría de los internos tienen entre 18 y 30 años de edad, muchos de ellos primodelincuentes, acusados de robos o delitos menores.

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