>Ana Obregón y sus musculosos acompañantes de verano

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Ana Obregón se prepara para un verano rodeada de musculosos acompañantes. Así se le ha visto en la portada de ‘Vanity Fair’ que dedica su número más caluroso a tres personajes de las revistas de toda la vida.

La desenfadada Ana Obregón, la vehemente Antonia Dell’Atte y Carmen Martínez-Bordiú, un valor seguro que rentabiliza cada página o espacio televisivo en el que aparece. Tres estilos diferentes, tres formas de asomarse al mundo del corazón.

En agosto, las tiradas de las revistas incrementan y las ventas suben. Así que en ‘Vanity Fair’, el periodismo del ‘cuore’ y sus protagonistas son el tema central para su próximo número. Aparecen declaraciones de profesionales como Jorge Javier Vázquez o Beatriz Cortázar, de las retratadas y también de Fiona Ferrer Leoni, Olivia de Borbón y Ariadne Artiles, tres jóvenes que amenazan con quitarles el reino a las tres divas del papel cuché.

Los denominadores comunes de las tres fotografías son el sol y muchos jovencitos. Por un lado, tenemos a Ana Obregón con un inconfundible aire californiano. Su imagen de principios de julio en biquini o triquini en las aguas de Mallorca a comienzos de los noventa daba el pistoletazo de salida de las vacaciones.

“Bañarme era una pesadilla. Era imposible estar tranquila con miles de cámaras a mi alrededor. Mi hijo era un bebé y no me dejaban hacer lo que hacen todas las madres, jugar con él en la arena. Así que decidí pactar el famoso posado”, explica Anita a la revista.

“Los fotógrafos rompieron las reglas y continuaron persiguiéndome. Entonces dije: ‘Se acabó. Nunca más'”, añadió. Y dejó de hacerlo en 2006. Ha estado siempre tan acosada por los paparazzi que recuerda que una vez “para huir de la prensa me he tenido que meter en el maletero de un coche con una pajita, medio ahogada”.

ANTONIA Y CARMEN, EXOTISMO A RAUDALES

En segundo lugar aparece su archienemiga, la ex modelo y ex musa de Armani, Antonia Dell’Atte. La indomable italiana, con aires de diva, sigue manteniendo ese halo seductor y un poco misterioso. Por eso sale retratada en un ambiente aristocrático y exótico.

“Yo no tengo nada contra ella (Ana Obregón), pero ya no pinta nada en mi vida. Que sea feliz. Está perdonada. Perdonadísima”, remata con su fuerte acento italiano. Reunir a estas dos mujeres en un plató de televisión sería el clímax de cualquier espectáculo. Su enfrentamiento tiene sólo un nombre, Alessandro Lecquio.

Por último, Carmen Martínez-Bordiú aparece en un ambiente en el que tendemos a imaginarla como a una de esas ricachonas de la etapa dorada del capitalismo. Ella misma se ha encargado de explotar siempre la primicia.

De hecho, su imagen se ha potenciado gracias a su matrimonio con el campechano José Campos, empresario cántabro, 14 años menor que ella. La nieta de Franco está más que acostumbrada a las exclusivas. Podría decirse que su presencia en las revistas es eterna.

Pero lo bueno que tiene ‘la Nietísima’ es que reconoce, sin tapujos, su dependencia mediática: “Sigo presente en los medios, me llevo muy bien con la prensa y le estoy muy agradecida; tengo negocios en marcha y debo procurar que no me olviden, pero sólo cuento lo que me da la gana”, dijo riéndose a Vanity Fair.

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