>Aprendiendo a vivir sin el cigarrillo

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“Puedo dejarlo cuando quiera”, “si sólo fumo cuando bebo” o “de algo hay que morirse” son algunas de las excusas más usadas por los fumadores para justificar el vicio.

Y es que, desde esa primera jalaíta de un cigarrillo, muchos comienzan un romance con la nicotina que puede, en ocasiones, superar hasta los instintos de supervivencia y llegar a la conclusión de que vivir sin cigarrillos es, simplemente, sinónimo de una sentencia de muerte.

Dejar de fumar es difícil, desesperante y puede parecer el fin del mundo, pero no es imposible, según asegura Elba Díaz Toro, dentista oncóloga e investigadora del Centro Comprensivo de Cáncer. “Es un cambio de vida y, obviamente, ese cambio trae inicialmente unos síntomas para esas personas que llevan años acostumbradas a esa forma de vivir… para ellos, va a ser anormal hacer lo que es normal”.

¿Qué nos ata al cigarrillo?

Díaz Toro indica que fumar, más que un hábito indeseable, es sencillamente una adicción y, como todas las adicciones, toma tiempo, esfuerzo y voluntad poder superarla.

Para muchos, el primer paso es una epifanía, indica la doctora. “He tenido pacientes que han ahorrado toda la vida para viajar y ahora no pueden estar ocho horas en un avión… o que van al teatro y tienen que salir varias veces para fumar; o tienen un hijo asmático y no sabían que su hábito les provocaba más episodios de asma. Es en ese momento en el que se les prende la bombillita y se dan cuenta de que la sustancia les está mandando la vida”, asegura.

1¿Por qué, entonces, y a sabiendas del daño que hace, muchos continúan fumando? “Está científicamente comprobado que el cigarrillo es hasta 10 veces más adictivo que la cocaína y heroína; incluso, hay usuarios de otras drogas que encuentran que pueden dejarlas más fácilmente que el cigarrillo”, recalca Díaz Toro. “El cuerpo te lo pide, y la parte psicológica lo acepta y, además, es legal”.

Controlando la adicción

La dentista oncóloga recalca que una vez se decide dejar de fumar, se inicia un plan estratégico para controlar los distintos niveles de apego al cigarrillo, compuestos por la parte física, la psicológica y la sociocultural.

Para la parte física, la mejor apuesta son los medicamentos, chicles, parches e inyecciones diseñados para romper la cadena. “Con ellos, estás cogiendo de bobo al cerebro”, explica Díaz Toro. “En el caso de la nicotina, al fumar subes el nivel y, luego, vuelve a bajar, necesitando otro cigarrillo. Las medicinas mantienen la nicotina en un nivel estable y los neurorreceptores reciben nicotina todo el tiempo. Eventuamente, bajas la dosis y no se dan cuenta, hasta que se duermen”, recalca.

El asunto de los neurorreceptores es que siempre van a estar allí y, aunque pases 10 años sin fumar, si vuelves a hacerlo, es como si no lo hubieras dejado. “Una vez entiendes las razones, entonces te das cuenta de que lo mejor es no volver a fumar”, recalca.

Simultáneamente, hay que trabajar la parte psicológica. “Muy pocos botan la cajetilla y ya no fuman nunca más; el resto necesita ayuda, y más en esta sociedad donde a veces la nicotina se usa como automedicación”, indica Díaz Toro.

El apoyo familiar es vital, ya que, según señala la doctora, no basta con cantaletear o amenazar al fumador o fumadora, hay que entender que es una adicción y que no será fácil dejarla. Ahí también entra, entonces, la parte sociocultural. “Particularmente los jóvenes son vulnerables, por presión de grupo, o porque creen que se ven mayores o que fumar es cool. Los padres y maestros tienen que entender el proceso y educarlos”.

El primer paso, entonces, es reconocer el problema. “El cigarrillo es el amigo incondicional del fumador, la droga perfecta, maleable al ser humano y a como se quiere sentir, ya sea feliz o triste”, indica Díaz Toro. “No hay duda que la droga se hizo para que las personas la quieran seguir usando, pero la decisión básica es que tienes que dejarlo, aunque te guste y te sientas bien. Tienes que decirte: ‘Aunque me guste y se siente bien, mi salud y mis relaciones con otras personas tienen que pesar más’”, concluye la doctora.

La doctora Elba Díaz Toro es dentista oncóloga y catedrática asociada de la Escuela de Medicina Dental de la Universidad de Puerto Rico y del Centro Comprensivo de Cáncer. Para información, llama al 787-772-8300, ext. 1119.

A medida que pasa el tiempo…

Una vez dejas de fumar, los beneficios son inmediatos:

20 minutos: El pulso baja a sus niveles normales.

12 horas: El nivel de monóxido de carbono en la sangre baja a su nivel normal.

De dos semanas a tres meses: Empieza a disminuir el riesgo de un ataque al corazón y la función pulmonar comienza a mejorar.

De uno a nueve meses: Disminuye la tos y la falta de aire.

Un año: El riesgo añadido de enfermarse del corazón es la mtad que el de una persona que nunca haya fumado.

Cinco a 15 años: El riesgo de enfermedades coronarias es el mismo que el de alguien que nunca haya fumado.

Fuente: Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos

¡Da el primer paso!

Proyecto Cuídate, del RCM

Si quieres dejar de fumar, el Recinto de Ciencias Médicas está buscando personas interesadas en participar de un estudio.

Eres elegible si:

Eres fumador/a

Consumes alcohol

Eres mayor de 18 años.

Se estima que en Puerto Rico mueren 10 personas cada día por causas relacionadas con el consumo de cigarrillos. Además, según datos del Behavioral Risk Factor Survillance System, el sistema de recolección de datos más importante de Estados Unidos y Puerto Rico, 10.6% de los adultos fuma regularmente y 60% de ellos tiene intenciones de dejar de hacerlo.

Los participantes recibirán sesiones de consejería telefónica individual, libres de costo, y se les compensará por su tiempo. Para participar, llama al 1-877-694-0123.

Asociación Puertorriqueña del Pulmón

El miércoles 18 de agosto, de 6:00 p.m. a 8:00 p.m., se llevará a cabo una reunión de orientación en la Asociación Puertorriqueña del Pulmón, para celebrar la próxima Clínica para Cesar de Fumar.

El programa está diseñado para ayudar a las personas a dejar de fumar mediante el uso de técnicas de modificación de conducta. El curso consiste en nueve sesiones, incluida la orientación, con una duración aproximada de dos horas cada una.

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