>La ciencia también va detrás del balón

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No sólo de pasión vive el futbol: en la cancha y fuera de ella, el análisis y la investigación ayudan a mejorar el desempeño de los equipos.

Genera disputas enconadas, héroes o villanos en la arena de batalla del estadio y cataliza los ánimos hasta convertir a los aficionados en leales batallones prestos a defender los colores de su equipo favorito. Pero en el futbol soccer no todo es pasión exaltada o delirio fanático: la ciencia también corre detrás del balón.

Y lo hace no sólo en el terreno de juego, donde la labor coordinada de jugadores y cuerpo técnico pone a prueba un conjunto de estrategias previamente razonadas y ensayadas: antes y después de cada juego, en laboratorios de investigación de todo el globo se observan desde los más sutiles movimientos de los jugadores o su estado físico hasta la trayectoria del balón que golpean.

Por ejemplo, algunos estudios han documentado las distancias recorridas por los jugadores, su respuesta ante el estrés, las velocidades a las que se mueven o los cambios direccionales, datos que aportan claves para maximizar su rendimiento y eficacia ante la ansiada meta de vencer al rival y colocarse en la siguiente ronda. Sin embargo, es poco lo que se sabe sobre las circunstancias en las que un jugador controla el balón.

¿Cuánto tiempo logra mantenerlo el futbolista bajo su dominio? ¿Cuántas veces lo toca antes de dar un pase? ¿Cuál es la velocidad con la que se mueve cuando lo tiene a sus pies? Estas cuestiones son abordadas en un novedoso trabajo de investigación publicado en marzo en el Journal of Sport Sciences.

El autor del estudio es Chris Carling, director científico del equipo francés de futbol Lille, quien por medio de rastreo computarizado multicámara analizó el rol de los participantes en un total de 30 juegos profesionales de la Liga 1 gala durante dos temporadas: 2007-2008 y 2008-2009. El experto utilizó un software especial para determinar el desempeño de cada uno de ellos con el balón, así como su nivel de fatiga.

Entrenamiento personalizado

Con su análisis, Carling encontró datos reveladores que lo llevaron a postular conclusiones y recomendaciones para optimizar el rendimiento de los jugadores, entre ellas la necesidad de que reciban un entrenamiento personalizado, de acuerdo con su posición en la cancha.

“La distancia total recorrida por esos jugadores profesionales fue de poco más de 11 kilómetros por encuentro”, apuntó el investigador. De esa distancia, sólo una mínima proporción de 191 metros (1.7%) fue cubierta con el balón bajo su control. Ello se traduce en aproximadamente 53 segundos de juego en posesión de la bola (menos de 1% del tiempo total) con unos 3 a 5 metros recorridos en cada caso.

De acuerdo con el estudio, los mediocampistas extremos tendieron a controlar el balón un tiempo ligeramente superior que los jugadores en otras posiciones, cubrieron una distancia mayor y tomaron más pases en cada caso. En general, los mediocampistas centrales recorrieron los mayores tramos, mientras que los defensas centrales cubrieron la menor distancia.

En promedio, los jugadores retuvieron la bola unas 47 veces en cada partido durante poco más de un segundo en cada caso; en esas posesiones corrieron aproximadamente tres a cinco metros y tocaron el balón dos ocasiones. Los que contabilizaron el mayor número de retenciones fueron los defensas extremos (con 56), mientras que los centros delanteros solamente tuvieron 35 veces el balón a sus pies.

La velocidad promedio a la cual un jugador tomó el balón fue de 10.3 Km/h y ésta aumentó hasta 12.9 Km/h durante la posesión de éste.

Sin embargo, ésta alcanzó picos de hasta 25 Km/h durante los aclamados sprint. Estos resultados confirmaron que los futbolistas generalmente toman un pase al estar en movimiento y aceleran su marcha antes de ceder la pelota.

¿Cómo trasladar esos hallazos -literalmente- al terreno de la práctica? Carling destaca que, como los patrones de movimiento en cada juego dependen de la posición del jugador, la preparación física y técnica debe ajustarse según las exigencias en cada caso individual.

Y dado que sólo una mínima parte del encuentro el futbolista ejerce control sobre el balón (lapso en el cual desarrolla más velocidad) el directivo sugiere que el entrenamiento debería realizarse con y sin la bola en los pies.

Falta de descanso y lesiones

Otro análisis de centros de investigación en Europa y publicado también este año en American Journal of Sports Medicine ayudó a los expertos a confirmar una vieja sospecha de aficionados, preparadores físicos y directores técnicos: la fatiga acumulada con lapsos insuficientes para el descanso y recuperación de los jugadores aumenta el riesgo de lesiones.

El trabajo, liderado por Gregory Dupont, del Laboratorio de Estudio de Movimientos Humanos (Francia) y el Celtic Lab (Escocia) examinó a 32 jugadores de equipos profesionales europeos que se disputaron la célebre Champions League en un periodo durante el cual también sostuvieron los encuentros regulares en sus respectivos países.

De esta forma, jugaron dos veces por semana: una sábado o domingo y la otra martes o miércoles, lo cual les dejó a los deportistas periodos máximos de recuperación de 72 a 92 horas.

Los participantes fueron asignados a dos grupos: el de aquellos que no habían estado en un encuentro durante seis días (single-match) y los que jugaron dos partidos durante un lapso de cuatro días (multiple-match).

La metodología empleada por los científicos fue similar al estudio anterior: utilizaron sistemas de rastreo computarizado de movimientos, además de registrar el número total de lesiones.

Los patrones de movimiento no fueron muy distintos en ambos grupos (nuevamente, los futbolistas corrieron un promedio de 10 a 11 kms). No obstante, en el número de lesiones sí se observó una notoria diferencia: la tasa total de ellas en el segundo grupo (multiple-match) fue aproximadamente 5 veces mayor en comparación con el primero. Este aumento fue atribuido al sobreesfuerzo al que se sometieron los jugadores.

La incidencia de lesiones de tobillo y rodilla fue aproximadamente tres veces más alta en el grupo multiple-match. También se vieron más daños en meniscos y ligamentos entre ese conjunto de jugadores. “El tiempo de recuperación entre los dos partidos, de 72 a 96 horas, parece ser suficiente para mantener el nivel de desempeño físico requerido, pero es insuficiente para tener una baja tasa de lesiones”, apuntan los autores en su apartado de conclusiones.

Otros exámenes previos han mostrado que un periodo de recuperación tan corto no es suficiente para restaurar la fuerza muscular, la agilidad y la capacidad de hacer sprints de los deportistas. Por ello, los especialistas creen posible que los competidores hayan padecido alguna forma de fatiga mental o física, aun cuando sus patrones de movilidad no se hayan visto afectados.

Ante esos resultados, recomendaron abrir periodos de recuperación post-juego más amplios o poner en práctica la rotación de elementos.

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